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sábado, 5 de noviembre de 2011

Por una muerte....

Era un día espléndido y caluroso de junio. Dirigiéndote como de costumbre hacia la cafetería Moritz Schiller, paseabas alegremente por las calles de tu preciosa ciudad. Todo estaba tranquilo, y sin embargo tenías la sensación de que hoy iba a ser un día muy diferente de los otros. Era una extraña sensación escalofriante, la cual no podías explicar con precisión. Solo intuías que esa impresión no auguraba nada bueno.
     -Tonterías, hoy es un día como otro cualquiera, Aunque esté de visita a la ciudad nuestro odiado archiduque, ¿Qué puede ocurrir hoy? Nada cambiaría mi condición a menos que lo mate: de proletario pobre a preso acusado con pena de muerte o cadena perpetua en el menor de los casos. Reías irónicamente para tus adentros.

Gavrilo Princip
  Aproximándote hacia la cafetería veías que cada vez se amontonaba más gente: Al parecer el archiduque pasará finalmente por esta zona. Enseguida, volvió a invadirte esa extraña sensación cuando viste en la terraza del Moritz schiller a un joven estudiante. Al hablar con el camarero parecía una persona cordial, amable y con sentido del humor. Tenía el pelo corto y un fino bigote que le daba a su rostro cierto toque diabólico. Junto con un colega suyo que había llegado, empezaron a insultar  a otro compañero que al parecer había metido la pata con algún "trabajo" que le habían encargado.
   -No te preocupes, Gavril. Cometió un error que tú no cometerás, intentó confortarle su amigo. Con el ceño fruncido parecía tener toda su rabia contenida, ya no era la misma persona que te pareció ver a simple vista. Lo maldecía con toda la gama de insultos que ni tú conocías en tu lengua serbo-croata. De tanto mirarle se percata de tu presencia y  en su asiento, se inclina hacia delante, con los antebrazos apoyados en la mesa. Parecía molesto, al igual que tú. Desvías la mirada hacia el barullo y de repente surge un automóvil lujoso, que contenía cuatro personas en su interior.
  -Si tuviera el dinero para permitirme uno de esos, podría ofrecerme igualmente un almuerzo más lujoso, suspiras en tu interior. Mientras divagabas sobre tus miserias, el ambiente se fue convirtiendo en pocos segundos en una situación surrealista. El lujoso coche da marcha atrás hacia tu posición. El conductor se percató que se había equivocado de camino. En ese momento ves una figura que te resultaba familiar en el asiento trasero: era el famoso archiduque. De prominente bigote, era un hombre orgulloso y ‘narcisista’, pero además de eso, tenía un aspecto intranquilo ¿Intuía el también que algo malo iba a pasar hoy?  Llevaba una casaca con alguna condecoración y un casco emplumado. Junto a él se encontraba su esposa, según intentabas recordar su nombre, giraste involuntariamente la cabeza hacia la cafetería.

    El estudiante se había levantado y se dirigía hacia tu dirección. Al llegar a ti, te empujó de su camino con cierta violencia. Se observaba en su rostro alegría y cierto nerviosismo disimulado. Se le veía sobre todo concentrado, mirando fijamente el coche del archiduque. Segundos después te apartó el compañero que le seguía de cerca: esto no pintaba bien. Los próximos segundos pasaron rápidamente. Sin haber podido reaccionar, tu misterioso estudiante sacó una reluciente pistola de su chaqueta y la dirigió hacia el coche. Un policía que reaccionó a tiempo intentó pararle, pero su camarada le dio una patada en las rodillas. Mientras tanto, el gatillo ya había sido accionado y una mancha escarlata surgía de la casaca del archiduque. Le seguía el grito de su esposa Sofía, ¡Sí, por fin recordabas su nombre!
    Ella también había sido alcanzada por una bala.
    
   Después de este drama el tiempo parecía ralentizarse, observabas todo lo que te rodeaba a cámara lenta. El conductor se percató que sus acompañantes habían sido alcanzados y empezó a acelerar hacia el hospital más cercano. Toda la gente que allí se encontraba huía despavorida por todos lados. Unos y otros se empujaban con el fin de huir lo más rápido posible de la horrorosa escena. En cuanto al asesino, Gavrilo Princip, satisfecho por alcanzar su  objetivo escapó de la escena del crimen siendo perseguido por todas las fuerzas del orden que allí se encontraban. Te quedaste solo, sin haber comprendido realmente lo que había ocurrido.

   Y ahora, después de una encarnizada guerra que duró cuatro largos años, te das cuenta de lo que pasó ese mediodía del 28 de junio de 1914. Asististe al acontecimiento que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Aquel asesinato originó el sacrificio de millones de soldados por una guerra, en tu opinión inútil. La guerra no ha arreglado las diferencias que tenían entre ellos, al contrario, parece que el recelo entre ellos aumentó mucho más. ¿Podría avecinarse tras 25 años de esta sangrienta guerra, algo aún más horroroso? Ojalá esa sensación fatalista te fallara por una vez…

Bibliografía utilizada: 
  - Taylor, A.J.P. La guerra planeada. Así empezó la primera guerra mundial, tomo 3. 
Ediciones Nauta, Barcelona, 1970, pp 56-58. 
 - Hernández, Jesús. Todo lo que debes saber sobre la primera guerra mundial. Ediciones Nowtilus, colección historia incógnita, Madrid, 2007, pp 22-28 

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